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EL FOT. Una experiencia para el crecimiento

 






                                          El FOT. Una experiencia para el crecimiento 

                                                         con sabor agridulce.

 

 

Las semanas anteriores sentía intranquilidad. La intranquilidad que esconde incertidumbre, curiosidad y miedo. Tener que hablar de tu familia de origen implica tener que desnudarte, tener que mostrar tu vulnerabilidad para poder ver aquello que quizá llevas mucho tiempo guardado sin haberlo podido mirar, o simplemente sin que nunca te hayas parado a observar.

 

Durante la semana anterior no dejas de pensar, en ti, en el grupo, en qué pasará, en cómo será, qué cosas saldrán, qué cosas descubrirás. A veces con ganas, y otras no tanto, por no saber lo que encontrarás.



Y allí nos lanzamos, a la huerta de Alboraya. A la casa que guarda historias desde antaño…, secretos, ilusiones, desgracias y alegrías, como todas las casas. Y que además desde que la estrenamos conserva la experiencia de los grupos que deciden realizar la experiencia del FOT en ella. 

 

 

Lo primero fue explorar…, oler…, observar… y luego… elegir. Elegir la alcoba con la cama parecida a la que mis abuelos tenían en el pueblo, con el caballo de madera como balancín de los niños de la época, el armario que huele a humedad y madera, que me transporta a los veranos en el pueblo y la ventana que deja entrar la luz y las vistas de la huerta de Alboraya. Y elegir a mi compañera de habitación, que desde entonces es mi hermana del alma, mi inspiración, mi apoyo y mi compañera de vida en esta profesión. 

 

He de decir que no fue fácil, pese a que todo el grupo iba muy mentalizado a soltar y a escuchar. Pero también fue sorprendente y casi mágico, entre muchos llantos y también muchas risas. Sorprendente al escuchar, al entender el por qué de los comportamientos de algunos compañeros, y casi mágico al sentir el ambiente de comprensión, compasión y reparación que tanto Bea como Carmen consiguieron facilitar. 

 

Lo dije en su momento y lo sigo pensando ahora, sin ellas al mando la experiencia no hubiera sido igual, por lo menos para mi. Que importante es el papel que ellas juegan en el FOT; tienen la habilidad para conseguir que puedas sentirte en un espacio seguro, aunque no lo sea, donde uno pueda enfrentarse a sus fantasmas y a su propia vulnerabilidad. Esa misma habilidad que tenemos que conseguir cada día con nuestros pacientes, facilitando ese ambiente que les haga sentir que están en un espacio seguro para conseguir un proceso de observación, comprensión y transformación. 

 

Fue curioso como entramos de una manera y salimos de otra. Cómo cuando miras hacia dentro y hacia atrás, tu cabeza te lleva a los nudos que tienes atascados, aunque creías que eso lo tenias elaborado. Es curioso como tu cabeza te dice una cosa y tu cuerpo otra diferente. Como lo que pensabas que pasaba es diferente de lo que sientes que pasó. Y entonces entiendes a tus pacientes; te das cuenta de aquello que a veces has dicho o hecho con ellos sin tener en cuenta esta conexión. Y ahora, pensando desde la distancia en aquel momento, me sorprendo dándome cuenta de cuánto he aprendido desde entonces y cuánto tengo en cuenta ahora esa conexión.

 

Y te adentras en tu historia, en la historia de tus mayores, en la historia de tus compañeros y de sus mayores; y comparas… y conectas… y te duele… y comprendes… y procesas… y acompañas… y te acompañan … y consuelas… y te consuelan… y reparas… y te reparan… Y por fin puedes recordar y mirar desde otra posición; y por fin puedes oler y respirar con plena capacidad pulmonar.

 

Y el grupo se mueve y siente, como se mueven y sienten las familias. Y necesitas aire y aislarte, pero también necesitas sentirte sentida y reparada. Y todo eso sucede sin darte cuenta, a través de los movimientos de ese sistema al que por un tiempo perteneces.


 


Y todo sucede bajo la atenta mirada de los habitantes de la casa que serán los que guarden el secreto de todo lo que en ella pasa (como la sala de terapia guarda los secretos que en ella se dan), y que cuando los miras te devuelven las emociones que en ellas has vivido, que en ella has sentido. Te devuelven las experiencias intensas y difíciles que has compartido con un grupo potente que se convierte en un grupo tremendamente acogedor, dirigido por dos terapeutas-profesoras-compañeras que tienen la devolución adecuada para cada uno de nosotros, porque han sabido mirarnos, acogernos, cuidarnos y acompañarnos con tiento, respeto, firmeza y mucho mimo. 

 

Y ahora desde la distancia puedo observar que el baile entre el grupo y las terapeutas es el mismo que se produce entre las familias o los pacientes y nosotros como terapeutas. Que el proceso por el que pasamos nosotros es el mismo que intentamos que puedan pasar nuestros pacientes, y si lo conseguimos… entrarán en el proceso de terapia de una manera y saldrán de otra completamente distinta.

 

Desde luego, para mí, el FOT I fue toda una experiencia. La guinda del pastel. El complemento perfecto de una formación que ha cambiado mi forma de trabajar y me ha hecho crecer tanto personal como profesionalmente.

 

Magda Cubel Alarcón





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